POMPAS DE JABÓN.




Al desear se murió,
al casar sus bajos muros
con la estrechez de un callejón.
Al desear se murió,
al soñar con partículas
fragmentándose en partículas
todo se desvaneció.
Al desear se murió,
proyectó ser hombre bala,
quiso ser blanco y acertaron,
quiso calar y el eco falló.
Al desear se murió,
mamá mató a papá,
el hijo quiso seguir su rastro,
andaba sólo buscando
al verdugo de otra unión.
Al desear se murió,
las horas imaginaron dias
rendidos ante la losa
de etérea ilusión.
Al desear se murió,
a cada deseo asomó un abismo,
con la falta de deseo
llegó la negación (de uno mismo).
Hoy está naciendo de nuevo,
olvidando lo vivido,
volverá a morir de nuevo,
sufriendo sin deseo,
porque si no...
¿Qué sería de la vida?
Pompas de jabón.

Por estar a tu lado




El periodista de cuero
se cuela invitado.
Sus ruedas no despejan
perfil,
recomiendan lágrimas
recorriendo juntas
escapes fumados.
Consuela la vejiga suave,
alegría en sus cantos,
susurrando hacia dentro,
relamiel de tus labios.
El periodista de cuero
busca el mundo
deseando morir.
Anoche le preguntaron
que qué contemplaba...
Anoche.
Sus armas son brazos,
siempre y confiado,
por eso no llora,
sorbe sonriente
dulce y salado.
El periodista de cuero
no existe, le viste
palpitando.
Prueba a colarte
entre posos
de cromado.
El periodista de cuero
no existe,
le inventé
por estar a tu lado.

NOS OBSERVAN...




Durante esta segunda etapa de mi estancia en el Reino Unido estoy descubriendo muchas más cosas de las que imaginaba en un principio. La Merodeadora me lleva por estas carreteras serpenteantes entre valles y bosques que parecen atraparnos a ambos. Los olores penetrantes, el colorido de las villas y algún que otro dolor de espalda surgen por los más de 3000 kilómetros realizados en estas dos semanas. Cualquier oportunidad es aprovechada para no dejar un hueco pendiente en este país tan apático en su climatología pero tan afable entre sus gentes. Ella no se queja lo más mínimo, es más, me anima con brio a seguir abriendo gas. Todavía no hemos dado el gran salto hacia Escocia, pero ya venimos avisando llegando al límite de su frontera en ambas costas. En la costa este el día fue soleado, casi como en España, Whitby era una fiesta. En la costa oeste todo cambió. Al llegar a Scoth Corner comenzó a llover con fuerza, sin indicios de revancha. Tuve que frenar en un apeadero para ponerme el traje de agua antes de empaparme. Cuando cabalgábamos por las altas llanuras el viento golpeaba con fuerza y yo me agarraba al manillar pensando cuándo pararía. La merodeadora perdió el estribo derecho, seguramente como consecuencia de las vibraciones del motor en la autopista, y por qué no reconocerlo, también a causa de mi negligencia al no fijar la tornillería como debería haber hecho antes de un largo viaje. Comí dándome una tregua con un ojo puesto en lo que ya parecía el diluvio, y yo a más de trescientos kilómetros de casa intentándome concentrar en el surtido de salsas desconocidas para mi paladar, maldiciéndome por no haber previsto lo sucedido. Continué por la carretera que bordea el Atlántico hacia el norte, la lluvia me dio una tregua y aproveché para parar en un pequeño pueblo costero de bonito nombre: Maryport. El pueblo estaba prácticamente desierto, fuimos buscando el infinito y llegamos al final de un solitario espigón desde el cual se podía ver el muelle y atisbar el océano. Pensé en sacar unas fotos, la moto estaba aparcada al pié de un poste. Enfoqué la moto y al ir a enfocar vi que era yo el observado. No daba crédito a lo que veía, debo reconocer que en un día gris, al final de ese espigón, sin nadie más no unicamente allí, sino en lo que alcanzaba mi visión... Se me erizó el vello, y no de frío precisamente... Una caja negra fijada al poste, a unos tres metros de altura, en la que no había reparado, porque no era más que una caja negra en lo alto de un poste momentos antes, se encendió sobre la moto y un gran ojo apareció ipsofacto. El ojo "humano" me seguía en mis movimientos. No se trataba del efecto que producen ciertas miradas reflejadas en determinados cuadros... El ojo parpadeaba y continuaba mis movimientos como si realmente una persona me estuviese observando. Es más, me estaban observando. Por un instante pensé en que quizá también me quisiera decir algo, me acerqué, pero no escuché nada, tan sólo vi como bajaba su párpado hasta mirarme desafiante desde su puesto, desafortunadamente el ojo transmitía sensaciones no demasiado halagüeñas, parecía sentirse incómodo con mi presencia. Le enfoqué una primera vez y al sacarle una foto parpadeó. Manda cojones, pensé... Si al final le voy a tener que poner el corrector de ojos rojos de la cámara y todo... En el último intento le pillé de imprevisto, arranqué la moto y me fuí a lo alto del pueblo a observar el horizonte y sentir su viento. Definitivamente el horizonte no nos iguala, porque hay muchas diferencias entre diferentes horizontes, diferentes iguales no igualan, el horizonte de la costa oeste de Inglaterra es más amplio, más ancho y seguramente más profundo que el del Cantábrico. Casi olvidé que hacía tan sólo unos minutos me observaban, me pregunto por qué, me pregunto si en algún momento dejarán de observarnos. Las fotos que saqué son inmóviles testigos de mi destino aquí, tan ávido de movimiento. George Orwell no escribió 1984 para que unos paletos se volviesen multimillonarios con un programa de tv. llamado gran hermano. Benditos paletos forrados y bendito G. Orwell, bendito pobre ojo atrapado en lo alto de un poste en medio de la nada, si girasen su vista al océano su pupila mutaría del gris a los sueños. Benditos todos ellos y benditos mis viajes en moto... Amén.

ÚLTIMA MIRADA AL CANTÁBRICO




Mi última mirada
bahía ondea.
Mi última mirada
merodea tus aristas.
Se aleja flotando,
reza a la espuma,
caliza melancolía.
Mi última mirada
zarpa el pecho
de este hombre loco,
pero no de atar.
Mi última mirada
rezuma aguas benditas,
sal ininterrumpida.
La última mirada
deja a la madre
en la orilla,
y el hijo,
sin querer queriendo,
diseña la escapatoria
a su mirada;
si la siguiese, agitado,
me hundiría.

EVITARME



Los árboles han de evitarme,
la carretera y la sangre,
la luz, la luna ha de evitarme,
tratad todos de evitarme,
que nadie pueda atraparme
ni yo pueda saberme
y transcurra sin sentirme
sin tocarme
sin ser yo…
Quiero reventar dentro
de una malla de mariposas
y escaparme
sin que mis colores vuelen
ni mis alas giren,
un torso que huye
de ser yo…
La carne ha de evitarme,
el tiempo y la distancia
han de evitarme,
sin ser cuando no era nadie
y nada me envolvió.
La vida ha de evitarme
y las calles, las miradas
han de evitarme,
sabed que la sed
de mis instintos
retiene abismos
del último instante
que mi ego me dio.

EL ARTE EN NAWTON.


TODO SE PEGA, MENOS LA BELLEZA.

Me siento como el albatros de Baudelaire…
Harto de cubierta.

El arte en Nawton.
El arte de pasar sin pesar…
El arte de asociarse
a la monotonía,
de pedalear manecillas
de enfermo fundamento.
De dormir al despierto
sin paladear el abismo.


Tan difícil de creer por mí,
crudo en el escepticismo…
Tan fácil apartarme y seguir…
No intentar explicar a nadie que
conjugo soledad
como mi mejor compañera,
que aborrezco ser gregario
del tiempo aturdido.
Tan fácil volar…
Tan necesario ese abismo…

Pero los marineros no entienden,
disfrutan con su juego,
Intentan rendirme a la conformidad
de perdido heroísmo.
Racionar su verdad y seguir
siempre igual,
absortos al conjunto comprimido.
Sería tan fácil apartarme y seguir…
Que a veces creo que ese es el camino.

CANTOS VIVOS.



CANTOS VIVOS.

Se han transformado los dos,
al revivir cuentan sus años pasar
mientras te observan.
Amalgama de energía y libertad,
puedes llamar a su casa y conversar
desde su pensamiento sin problema.
¿A quién quieres llorar?
Si no recuerdas, pero sí puedes soñar,
abre las ventanas de sus ojos y sueña…


VÍCTOR MANUEL.

Víctor Manuel nació el 7 de julio de 1947 en Mieres del Camino, Asturias, en el norte de España, hijo de Jesús, ferroviario, y Felicita, comerciante. Sus abuelos Víctor y Ángel, al que no llega a conocer pues murió en la Guerra Civil, ejercerían una gran influencia en él.

JOAN MANUEL SERRAT.

Joan Manuel Serrat i Teresa (Barcelona, 27 de diciembre de 1943) es un cantautor catalán, una de las figuras más destacadas de la canción moderna tanto en lengua castellana como catalana. Algunos de sus temas de más éxito han sido poemas musicalizados basados en las obras de algunos de los más laureados poetas de ambas lenguas (como Antonio Machado, Miguel Hernández, Joan Salvat-Papasseit...), si bien algunas de sus propias letras se podrían considerar entre lo más granado de la poesía de ambas literaturas.

RAIMON.

Raimon nace en Xàtiva (València, España) el 2 de diciembre de 1940, en la calle Blanca, calle que citará en diferentes canciones. De joven trabaja un par de años en la emisora de radio de su villa, donde se introduce en el mundo del disco y conoce las interpretaciones de gente tan diversa como Juliette Gréco, The Platters o Juanito Valderrama.

PACO IBÁÑEZ.

Paco Ibáñez (Valencia, 20 de noviembre de 1934) es un cantante español, cuya trayectoria artística la ha dedicado casi íntegramente a realizar versiones musicadas de poetas españoles, antiguos y contemporáneos.
El ministro de Cultura del Gobierno de Mitterrand, le otorga la Medalla de las Artes y las Letras en 1983. No la acepta: "Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa.

QUIQUE GONZÁLEZ.

Uno de los más grandes cantautores del rock español, si te gústa éste tipo de música, no déberías dejarlo pasar sin más. Sus letras cuentan historias que llegan a alguna parte en la que te hace sentir.
Quique González creció en Madrid y, tras acabar sus estudios y realizar diversos trabajos en Mallorca (como animador turístico en un hotel) y Londres (en un McDonald's), decidió intentar dedicarse a su pasión, la música. Actualmente vive en Cantabria y de vez en cuando se toma unas cañas en el Rubicón (Santander).

JAVIER KRAHE.

Nacido en el Barrio de Salamanca de Madrid, estudió en el Colegio del Pilar, por el que también pasaron muchos de los actuales políticos españoles. Inició estudios de Empresariales, pero los dejó para dedicarse al cine como ayudante de dirección.
Mientras hacía el servicio militar, conoce al amor de su vida, la canadiense Annick, con la que parte a Canadá. En 1967 se establece en París, donde empieza su carrera como letrista, inspirado por el ejemplo de Georges Brassens y Leonard Cohen.

JOAQUÍN SABINA.

Joaquín Martínez Sabina nació en Úbeda (Jaén) el 12 de febrero de 1949. Hijo de un comisario de policía, con 14 años comenzó a escribir poemas y a componer música en una banda formada por amigos, los Merry Youngs, que se dedicaban sobre todo a versionar a cantantes de rock como Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard. Cursó el bachillerato con las monjas Carmelitas y los sacerdotes Salesianos, en una época en la que escribía versos y leía a Fray Luis de León, Jorge Manrique y José Hierro mezclados con Proust, Joyce y Marcuse.

LUIS EDUARDO AUTE.

Luis Eduardo Aute (Manila, 1943) pertenece a esa generación de artistas que enriquecen la segunda mitad del siglo XX y que continúan ennobleciendo el XXI. Aute publicó su primer disco en 1968, con el Aleluya nº1 dentro. Creador heterogéneo, desde sus comienzos ha mezclado música, pintura, cine y poesía. Amante de las obras sostenidas con ideas.

SILVIO RODRÍGUEZ.

Silvio Rodríguez Domínguez (San Antonio de Los Baños, Cuba, 29 de noviembre de 1946). Músico, poeta y cantautor cubano.
Exponente de la música cubana surgida con la revolución, Silvio es uno de los cantautores cubanos con más relevancia internacional. Junto con Pablo Milanés, Noel Nicola y otros músicos crearon el movimiento de la nueva trova cubana.