En memoria de Marco Simoncelli, te has ido muy muy rápido...

¿Qué más da?




Personas malas esperan les saludes,
alzas la mano, inconsciente, otra doctrina,
piensas, reyes de pequeñas pocilgas,
opositores al trono mandril,
¿Qué más da?

Agoreros hediondos te incitan, pican a las masas,
tú no te pronuncias, no te enfrentas
a la hipocresía de su ocaso,
todos tenemos algún día para creernos Jesucristos,
¿Qué más da?

Embebidas de sí mismas, otras naves
sueltan lastre en tu orilla, luego te sonríen
desde el puente de mando como si rezasen
por ti todos los días, qué desvergonzada tan amable,
¿Qué más da?

Arroz haciéndose, te asalta mente en huevo duro,
en el último instante lo echas en el cazo, pero sucio,
vas a mirar la huevera y ves indicios de por dónde salen.
El agua hirviendo santificará los restos animales,
¿Qué más da?

La correa de distribución de este mundo, a los 2.000, de manual,
ahora únicamente la radio funciona,
a sintonizar otro canal,
si ya decían que el mundo estaba mal repartido,
pero mirábamos de paso, a nuestro rumbo,
pensando, mientras este carro ande...
¿Qué más da?.

LO LLEVÁIS CLARO...


Un arrebato de cólera
desgaja el pan aún blando.
Medio pollo caducado sin cabeza
observa la información rodando.
Morir mañana encaja
dentro de la ambición.
Recordar el propio olor
de la confusión excitada
al cuerpo salvaje.
Forzados al acantilado,
más métodos furtivos.
Imaginación encara al hombre,
revolviéndose, rodeándole.
Eso pasa, por provocar a la inocencia,
por repetir a la ilusión lo humillante.
Por la afluencia de pódiums y trofeos
y  el vicio de todas las iglesias.
Porque lo ortodoxo, lo homogéneo
y lo honorable, se alimentan del pobre,
pero el pobre aprendió a distinguir
lo miserable.
El poder, menos relajado,
dio una nueva orden,
la mayoría contestó,
contra todo lo probable:
“Lo lleváis claro”
Y cambió el mundo
en ese instante.


MAYORÍA DE INVIERNO.












Se dice mucho en  estos tiempos:
"No soy feliz...".


Tras la cortinilla rápida
de los grandes almacenes.
Mudando pieles en stock
que ¡zas!! te arrancan de las manos.
Puntúas desnudos entre calles
en otoño, pezones percha
cargados de libertad en invierno.


Decisión en mano, equivocarse,
correr a esta velocidad deja un rastro
a Sinatra asexuado,
a misma música de siempre
rebobinada sin éxito.
Y me consta lo cojonudo que es Sinatra...


Quizá vuelvan a volar
los oscuros éxodos
repoblando margaritas
entre anillos cayéndose,
estrellas encañonando islas,
apartando al niño que vomita, del recreo ilustrado.
Invitado a sentarte con los mayores
en charlas redundantes
de cafés eternos.




BUENO O MALO.



Pensamiento a pensamiento
la naturaleza elaboró una lista
de actores y construyó un decorado.

Mientras te despiertas, tu madre
te prepara el desayuno,
tu padre te lleva con él a cualquier sitio
único, por tocar su mano,
sonríes seguro desafiando al abismo.

En la radio del coche se oye una canción de amor,
ese absurdo amor es un derroche de adjetivos,
el amor es tan natural que ni tiene nombre,
sin ornamentos, tan auténtico que no necesita ser auténtico,
tan íntimo que a nadie se le ocurriría llamarlo íntimo.

Sonríes a tu padre y él te devuelve la sonrisa,
todo está  bien, en un momento el valle brilla y
la luz tenue del sol os despide desde el horizonte,
la ventanilla a medio bajar y el viento disipando
un momento en el tiempo
que tu memoria atrapará para siempre.

Llegas a casa, nadie te ha dicho
que también tendrás que interpretar otras escenas,
escenas con muchos adjetivos
para denominar lo que no necesita adjetivos.
Seguirás siendo un niño
mientras los hombres entierran el verbo
para lucirse en los adjetivos que detestan.

Comenzaron por hablarme de lo “bueno” o “malo”
no les creí, en cierto modo, por alguna razón de raíz
ya comprendía lo que me querían decir, sin oponerlos.
Después me enteré de que incluso, en aquellos valles,
en los que se ponía el sol,
se asesinaron hermanos (supuestamente buenos y malos)
en una guerra adjetivada civil,
cuando civil significa cívico o de los ciudadanos,
que no es militar ni eclesiástico…

Hoy, después de bastante tiempo, como hombre apestado y afectado que soy
gracias a esta sociedad en cuarentena que conformo, 
reconozco a mi alrededor que seguimos distinguiendo, diferenciando, apartando, 
marginando, adjetivando.
Nadie acierta a reconocer lo que llevamos dentro, 
de serie, implantado desde niños, y eso es, creo yo,
porque  hace tiempo que hemos olvidado el guión 
y hemos perdido la cabeza.





BUENAS NOCHES, PEDORRO ONANISTA.



1.    La suerte de este giro
preocupa estériles abanicos
de flores sin belleza.

Las cucarachas nos miran extrañadas
por la algarabía que nos ven extraer
de nuestras madrigueras de placer.

El que nunca ha tenido nunca teme otra vuelta,
el público  siempre cambia de sitio y lanza
con estilo la almohadilla
sin preocuparle a quién le estrella en la cabeza.

Pero antes y después ahora cohabitan, ni se discuten
ni se tapan de hurtadillo, comparten una cama reñida, ceñida,  una cama estrecha.

La libertad censura
y el mudo está en boca de todos.

No se puede  dormir con tanto ruido,
no parecemos hacer el amor,
aunque de  jodernos nunca nos cansemos;
y ya que nos encontramos todos  tan juntitos
y nos tocamos sin rubor los pies desnudos
desbocando la sábana bajera…

Con ese ansia loca, juvenil, tan unidos…

Mejor que nos masturbemos todos con aplomo.
Una vez, con unísono aplomo,
para ponernos de acuerdo en algo íntimo
mirándonos  a los ojos con cariño
reconociendo ser lo mismo;
y  después soltarnos un pedo traicionero,
reír mirando al otro y decirle:
Buenas noches, pedorro onanista,
te entiendo bien, porque eres igual que yo,
aunque la verdad duela.

VIVIR UNA MUERTE DIGNA


Tanta fe agota el fin de morir libre,
porque los hombres respetan las reglas que no respetan a los hombres.

 Cada día intento observar mi muerte como quien observa una hoja caída,
rezo cada célula vencida mientras se aleja mi fuerza impulsada fuertemente hacia la salida.

 Algunos intentan conservarte, algunos quieren mantenerte en vida,
devotos egoístas no quieren entender el amor elevado que no ciñe efímeras hebillas.

 Así que a veces me tomo una cerveza con mi padre, que ya no gasta en camisas.
Dejo interminables discusiones con ese amigo que se quitó la vida, para otro día...
Voy a la residencia a visitar a mi madre, que resiste, aunque ya no resista.

Paseo mi pensamiento que constantemente roza el hálito que comunica los seres sensibles que habito, con quienes me habitan.

 Lo peor de todo no es la muerte, es la vanidad que nos impide vivir cada milagro, compartir cada maravilla.

 Lo peor de todo no es el hombre, es el miedo que le obliga a matar lo bello que le rodea para adueñarse de la memoria que lo origina.

Lo mejor de todo es vivir una muerte digna.

París bendita.



Eres cadencia de mirada encendida,
nieta pícara de bella abuela joven.

Eres calles de frágiles guiñoles
girando boulevards, bebiendo las pasiones.

Eres rondada cintura colgando en el vuelo
a tu vestido parnasos de colores.

Zapatos con texturas de luz.
Amante de lengua escrupulosa
cubriendo tus caricias de tactos desbordantes,
amor de guante, cariño de piel ceñida.
Arte sin amarre a la deriva
sangrando por las dos orillas.

París Santa, Puta y Chillona,
Vagina de todos los olores.
Eres Baudelaire, Balzac, Lautrec,
Morrison, Nijinsky, Picasso,
Heine, Gainsbourg, Hemingway,
tantos magos vierten tus pociones...

¿Cómo no te voy a querer?
Tú, que me has extirpado los dolores.
Me he sentido devorar
por tus colmillos de placer,
abriendo una herida
que no cerrará esta vida.

Mi París bendita...