JOHN KEEL.




Impacientes por morir
tiraron de la cadena.
La corriente le llevó de la mano,
todo gira, se tambalea.

Apagaron su sintonización interior,
la comunicación era su era.
El niño ninguneado
creció en su ceguera.

La historia no ayuda, pesa.
Bebida supervivencia,
ensanchada de parte a parte,
envidando a la naturaleza.

Nos observan mofándose,
nos observan mofándose,
nos observan mofándose,
soy tristemente previsible
y no se nada.

“Algo que toma muchísimas formas convive desde el principio de los tiempos y juega de forma malévola con nosotros…”

MI PIEL DESEA SU SUDOR.


Mi piel desea su sudor,
quiere saber quién es quién
para caerse bien;
volver alrededor
de la primera piel.

Mis toxinas invasoras
no son mías,
me las pegaron a cambio
de un poco de honra pagada
a deshoras, en una barra
de la calle del Sol.

Mis carrillos y mis mollejas
parecen flotar sugiriéndome
mezclar mi carne
con los vapores de la birra
al birrete.

Mi cabeza declara estar muerta,
ha sido asesinada.
Los espejos de mi casa
se abalanzan de la mano
de la realidad, mal disimulada.

Pero yo no soy así.
Soy un atleta en paro
padeciendo una criba,
crisis incrustada en mi escenario.

Será porque dentro de cualquier ángel
siempre se le dejan
galletas y sorbos al diablo.
Será porque dentro de cualquier orden
habita el cataclismo,
el calendario de piel espesa que pica
deseando soltar lastre
y encontrar una salida.
Correr, correrse, correrme;
agotarse y agotarme,
abandonar esta montaña rusa y sucia.

Mi piel desea su sudor.
Una pena,
que al ponerme el chándal
descubra lo cómodo que resulta
para estar tumbado.
Dos penas,
con el mando en la mano
pero sin voluntad de ser
mi propio amo.

LA CEBOLLA


Mis manos huelen a cebolla,
yo celebro su cuerpo crujiente,
íntimo, sensible y complaciente.
Buena madre, mejor hija,
protegiendo lo invisible
con su pudoroso tacto,
curvo, lúbrico y palpable,
adherido a la nación tersa y tensa
que cubre espasmos en su piel querida.
Entregada a su destino,
estallando en mi sonrisa,
retozando por sus tajos,
desnudándola.
Prenda a prenda,
apoderándome de su inocencia perdida.
Gozo sus extremos dorados
bañados por el oro hirviendo,
exaltados, palpitando
el último hálito de vida
entre mis brazos.
Mis manos huelen a cebolla,
asesino confeso sin salida.
Su alma traspasará mi ser,
brincará al vacío de mi recuerdo,
de mi voz y mi piel.
Y no niego el por qué…
Fue su textura mágica,
su color majestuoso,
su geometría,
como todo lo bello,
algo bueno que te haga izar
amor renovado cada día.

VIVA SUPER COCO!! (cumple 40 años)



La alocada línea
rozando el vacío.
Comisuras aladas de teleñeco.
Ojos de flipado,
nariz de bolinga,
brazos de molinillo.
Super Coco lo tiene claro,
hay que vivir sin tanto cuento,
la diferencia entre delante y detrás
o arriba y abajo
-que otros tantos han confundido-
Un visionario,
explicándote lo complejo
desde lo más sencillo.
Somos mocos universales,
propensos a gripes de todo tipo,
espesos polluelos sin alas,
intensos catedráticos
calzando katiuskas,
estereotipos que apenas se mojan,
a no ser que el río se nos lleve
o nos embarguen el piso,
o nos amedrenten con el 2012
o algún que otro cataclismo.
Yo cuando sea mayor
quiero ser como SUPER COCO;
ir de acá para allá
volando con mi mente,
sin que me remate mi suerte,
echando siempre unas risas,
porque esta vida es un juego
que aparte de sacrificio
tiene un final, y el mío,
como el de Super Coco
puede que exista
pero tú no lo viste.

El Rosal en el Desierto.


Reclamo y mantilla
de sable.
Perpetuo salvaje.
Descontento a la rendición,
irónicamente,
propenso a su suerte.
Cobre salado, ácido, azulado.
Soldado para mantener
la barandilla que envejece.
Ruinas y cables desordenados,
motores gripados,
Dios sin religión.
¿Cómo es ella?
Contestación:
"Sin esfuerzo pocas veces
se consigue el fin perseguido"
¿Y entonces?
Descoyunta tus sentidos,
únelos.
Piensa en un rosal en el desierto.

UN SEGUNDO MÁS


Un segundo más
amando la imperfección en llamas,
amando el aire al vacío,
amando donde brotan lágrimas.
Da igual qué será mañana,
teniéndose,
cogiéndose,
abandonando mi cuerpo
al hueco que tu cuerpo emana.
Amando todo lo vivo;
incluso después que caiga.
Un abrazo furioso en el alma,
creador un segundo más,
una sonrisa, una mirada.
Amando todo lo vivo;
incluso la libertad del perdedor
de equivocarse mañana.
Inconsciente si,
mientras vamos juntos
donde la penumbra no arraiga,
juntos, brillándonos a los ojos,
volando nuestra pequeña estrella,
un segundo más...

POMPAS DE JABÓN.




Al desear se murió,
al casar sus bajos muros
con la estrechez de un callejón.
Al desear se murió,
al soñar con partículas
fragmentándose en partículas
todo se desvaneció.
Al desear se murió,
proyectó ser hombre bala,
quiso ser blanco y acertaron,
quiso calar y el eco falló.
Al desear se murió,
mamá mató a papá,
el hijo quiso seguir su rastro,
andaba sólo buscando
al verdugo de otra unión.
Al desear se murió,
las horas imaginaron dias
rendidos ante la losa
de etérea ilusión.
Al desear se murió,
a cada deseo asomó un abismo,
con la falta de deseo
llegó la negación (de uno mismo).
Hoy está naciendo de nuevo,
olvidando lo vivido,
volverá a morir de nuevo,
sufriendo sin deseo,
porque si no...
¿Qué sería de la vida?
Pompas de jabón.