MI MAREA


Mi marea, empuja mi marea,
satisfecha andante de mi aldea
que recupera al frente de unos ojos escapistas;
choca detrás, al interior de un horizonte
que es mi piel de sangre, de corriente,
brea de tinaja y de tunante,
baño de fiel espuma, alta y seca.
Mi marea, alrededor de un cuerpo
es un abismo, compartida con el cielo es una línea,
ante el fuego huye, se apaga en una sima,
prende de las larvas de los peces
que arrancan como sables
por no morir boquiabiertos en la orilla.
Mi marea, amo y odio mi marea,
reconozco la sal y sus sudores,
cada filo de las rocas que se encuentra.
Creo en mi marea,
creo en no consentir que se haga dueña
de este espacio que rechaza este vacío
pero sigue desconociendo
la hondura de su pena.

HOY MEJOR QUE NUNCA



Hoy más lejos que nunca
del contenido místico
de pobres hombres pagados
de sí mismos.

Hoy menos dispuesto que nunca
a fragmentar el horizonte de cristal
por falsa modestia o asociación
con quienes sonríen sus reproches.

Hoy contento, apartado, feliz,
con un rayo de conocimiento minúsculo
que me permite ver lo suficiente
para ser consciente en este mundo.

Hoy alegre de la minúscula gama
de hombres honestos
y dichoso de la única mujer
de rasgos puros que me ayudan a soñar
cada noche.

Hoy dedicaré este poema
a la claridad, porque aquellos
que se ocultan tras el falso brillo
para mí no existen, y se pierden la vida,
para ellos es y será siempre así de triste.

MANOS VIVAS


Lamo el vino
beso la rosa,
subyace en tu estío
h o r a d a e n t u a u r o r a.

Bate hondo
olas a deshora,

c_alma al naufragar
la carga clavada en la roca.


La palma se revuelve
entre tus dedos,

niños inquietos,

flecos nerviosos
que oran tu sentido.

El tacto reclama
el último resquicio,

el teatro o la danza,

la verdad endulzada
o la mentira que s e a h o g a.


El sueño es el ansiado vestigio,
el límite de nosotros mismos,
de nuestro amor sustantivo

entre palma

y vino

y danza

y rosa.

NANA DEL CONGUITO OLVIDADO


Pobre pobreza,
vivías entre abandonado
en un país abandonado,
pobre pobreza,
hasta la tierra tiene un precio
y el tuyo era el más barato.

Ya no cantará más la nana el suelo,
no llores, mi conguito,
todos los actores, los famosos de la tele
te compran regalos;
todos los países te envían cosas,
cosas con las que nunca has soñado.

Ellos no saben que tú correrás ahora,
igual que cuando corrías descalzo,
les ves desde tu nube blanca,
como otras tantas nubes blancas,
que, de repente, se han endulzado.


Ya no cantará más la nana el suelo,
duerme, mi conguito, ahora descansa,
mañana serás feliz.
Este no era tu mundo, tu mundo,
el de los olvidados, resiste a los olvidados,
tú estás libre de pena, de riqueza y vicio,
tú eres libre y ya no necesitas
lo que no te han dado.

Pobre riqueza,
vivimos entre abandonados
en un mundo abandonado.
Pobre riqueza,
la tierra no tenía un precio
pero nosotros, por dinero, la empeñamos.

AVATAR...es de la vida.


Derviche, cronopio, cheloveco,
hay destellos, chispazos, chisporroteos,
lo que da la nada por un poco de luz…
Cómo se come la oscuridad el tiempo…

Fulanos, ascetas, montaraces,
hippies, brokers, hobbits, elfos,
tantas legiones como acepciones,
tantos propósitos en movimiento.

Moriscos, judíos, nórdicos,
mediterráneos, americanos, medios,
no ver más allá,
sufrir por SU puesto.

Atlantes, trekies, caucásicos,
vascos, bosquimanos, ewoks,
convivir, confluir, conectar,
chocar, luchar, machacar al resto.

Alfas, gammas, betas, deltas y épsilones,
sacerdotes, artesanos, comerciantes, dalits y guerreros,
las estructuras se desmoronan, cae el papa,
tenemos un rey negro.

Nórdicos, latinos, asiáticos,
wookies, seeths, áreos aéreos,
nuestro es el sexo pero no la guerra,
nuestro es el fin pero no los medios.

Y ahora a flipar con Avatar,
que es de cartilla rubio de primero,
todo son efectos especiales,
pero cuando te vas a casa… ¿Qué hay dentro?

ENTENDER LA MUJER


No he llegado a entender la mujer,
ningún tópico me absuelve,
ni siquiera pude pormenorizar su amor,
ni discernir la lucha de la belleza,
quise comprender el por qué al quererla
contratas una deuda absurda que
puede conventirse en pasajera,
no en ese idílico jardín, sino en una cantera.
Siempre confiando en que la mujer me quiera,
más incluso, incluso más seguro,
según siempre dice, que yo a ella.

No he llegado a entender la mujer,
aún tan previsible, anhelando la exclusiva
por encima de todas las demás mujeres “brujas” según ella.
Cuando compartiéndome entero, reclama mi presencia
y mil detalles más de mí que desconozco siquiera,
me pierdo, me pierdo y sufro, la creo y al creerla
me desgarra su creencia.

No he llegado a entender la mujer,
y eso que conocí el Spectrum, y el Amstrad,
leí todos los famosos tomos de Petete
y jugué al dólar y a las canicas (versión güá), y cambié
cromos de naranjito en la plaza Pombo,
y me pasé los dos rombos por la casa de la pradera.

No he llegado a entender la mujer,
en el fondo se que no se presta,
me basta su presencia, su cuerpo, su olor,
su mar de aristas suaves, su sexo,
sus ojos dormidos,
sus labios calma velas,
pero claro, luego me dice que la comparo con muñecas.

No he llegado a entender la mujer,
y definitivamente creo que soy yo,
yo, que nunca fui un gran catador de vinos,
siempre con mi paladar rüin,
disfrutando de las botellas rellenadas de las tabernas,
yo, que nunca he recitado en el Olympia,
pero soy feliz cantando poemas por las aceras.

JOHN KEEL.




Impacientes por morir
tiraron de la cadena.
La corriente le llevó de la mano,
todo gira, se tambalea.

Apagaron su sintonización interior,
la comunicación era su era.
El niño ninguneado
creció en su ceguera.

La historia no ayuda, pesa.
Bebida supervivencia,
ensanchada de parte a parte,
envidando a la naturaleza.

Nos observan mofándose,
nos observan mofándose,
nos observan mofándose,
soy tristemente previsible
y no se nada.

“Algo que toma muchísimas formas convive desde el principio de los tiempos y juega de forma malévola con nosotros…”